Mercedes Romero Abella Junio 2019


El pasado mes de mayo, las pruebas de ADN confirmaron que uno de los cuerpos encontrados durante las exhumaciones realizadas en julio de 2018 por miembros de la asociación ARDF Desaparecidos en la fosa del cementerio de Villarraso (Aranga-A Coruña), pertenece a la maestra Mercedes Romero Abella.

Atrás quedan años de investigación y trabajo para poder darle la “buena” noticia a María Luisa Mazariegos, su hija, que tantos años llevaba esperando. María Luisa es de los pocos descendientes directos vivos que quedan de los represaliados por el franquismo. Estamos hablando de hechos ocurridos hace más de 80 años, por lo que el tiempo juega en contra de los descendientes de las víctimas (y a favor de los descendientes de los represores).
Me consta que las trabas para llegar hasta aquí han sido abundantes y de todo tipo. Desgraciadamente nos hemos ido acostumbrando a que las promesas de la clase política se incumplan repetidamente, ya que son conscientes de que no les va a suponer coste político alguno y lo que es más sorprendente, que los partidos que se podrían considerar más progresistas y que tienen la Memoria Histórica como parte de su argumentario, no se quedan atrás a la hora de poner trabas.

De la biografía de Mercedes poco se sabe dada su corta vida. Hay una parte más conocida y que es fácil de encontrar por internet y es la que hace referencia a su vida de maestra en Monelos, su militancia en el sindicato UGT y su asesinato en noviembre de 1936. Su hija Maria Luisa conserva algún recuerdo, sobre todo de los últimos días y que relata en una entrevista realizada por la asociación ARDF en el año 2016 (enlace a la entrevista) . En ella cuenta en primera persona cómo vivió esos últimos días de su madre, sus recuerdos y sobre todo, como afectó posteriormente a su vida. Se trata de un testimonio muy importante porque entre las víctimas del franquismo todavía persiste el miedo y el temor a hablar, forma parte de la educación recibida y de la represión sufrida y la mayor parte mueren sin haberlo superado.

Hay que ponerse en el lugar de una niña con casi 5 años cuyo padre es ejecutado por las fuerzas franquistas y que, 3 meses mas tarde, vuelve a sufrir algo similar, esta vez con su madre.
A partir de ahí su vida se convierte en un peregrinar de una casa a otra, de una ciudad a otra, con una familia avergonzada.
En su testimonio narra como tiene un vago recuerdo de ir a despedirse de su padre a la cárcel junto a la Torre de Hércules, en A Coruña. También comparte el recuerdo de un coche que aparca delante de su casa unos meses después y del que bajan unos hombres que se llevan a su madre Mercedes para, supuestamente, llevarla a declarar. Y el recuerdo de que su madre, consciente de que todo era una farsa, se despide de ellos.

Lo que pasó posteriormente no se sabe a ciencia cierta. Algunos historiadores apuntan que fue asesinada y tirada al río, después de haber sido violada y mutilada (le cortaron los pechos).
A partir de ese día, las vidas de María Luisa y su hermano Enrique sufren un cambio traumático. Un peregrinar por diversas casas en las que no se llegan a integrar y lo que es más importante, sin el vínculo afectivo y el cariño de unos padres.

La recogida de testimonios como éste es fundamental para hacernos una idea de la magnitud del odio de los represores. No podemos olvidar de que hay más de 100.000 personas abandonadas en fosas comunes como la de Vilarraso.
De ahí la importancia de la recuperación e identificación de los restos. La recuperación e identificación de sus restos es una victoria frente a los que les han querido silenciar, frente a unos asesinos que, movidos por sus complejos y por su ignorancia , eran marionetas fácilmente manipulables por el régimen dictatorial.

Es, en definitiva, una victoria frente al olvido y un estímulo para seguir adelante. Da igual que pasen 80 años que 800, lo importante es que el murmullo siga y no se silencie hasta convertirse en un grito imposible de ignorar.

Mercedes Romero Abella